Por favor, no me pidas que cambie mi actitud 

Soy Claudia María, tengo 24 años y desde los 16 fui diagnosticada con trastorno depresivo, tengo cambios de ánimo extremos de un momento a otro sin siquiera estar prevenida. Puedo enojarme con facilidad, llorar, alegrarme y todo lo que puedas imaginar y vivirlo intensamente. 

He escuchado cientos de veces por parte de amigos, familiares, conocidos que todo está en mi actitud, que intente cambiar el modo de ver las cosas. 

Estoy de acuerdo, eso funciona para las personas que no tienen trastorno depresivo, que no les da fobia estar en lugares llenos de personas y no empiezan a temblar cuando están expuestas. Un cambio de actitud, una buena solución. 

Actualmente estoy en tratamiento psiquiátrico por tercera vez. Decidí ir con un psiquiatra porque solo “hablar” no me funcionaba, necesitaba algo más. Tomo medicamento todos los días para “estabilizar mi ánimo” y antidepresivos para querer estar en este mundo. Después de un tiempo de tomar medicamentos puedo “controlar mi actitud”, pero necesito estar “drogada” para poder siquiera considerarlo. 

Y no es mi decisión tener buena actitud o no, cuánto quisiera despertar a diario a una hora normal y no en la madrugada desconcertada sin saber que hacer, como quien dice “pelando cables”. Quisiera al abrir los ojos levantarme inmediatamente con una gran sonrisa y no preguntarme “¿Así van a ser todos los días de mi vida?” Y tener que esperar dos horas viendo al techo antes de encontrar la fuerza para vivir un día más. Quisiera poder tomar una ducha sin que me de ansiedad y pensar que me faltan horas para terminar cuando me estoy enjuagando el shampoo. Ojalá no tuviera que ducharme, pero lo hago porque claro, no voy a dejar de hacerlo. 

Me han dicho muchísimas veces que no tengo razón para estar triste, que lo tengo todo. Familia, un techo donde vivir, comida, estudios… “todo” y hasta me han llamado malagradecida. Pero algo me falta: salud mental. Y eso no significa estar “loca”, simplemente es una condición. 

Muchas veces puedes estar rodeado de personas y sentirte sola. Afortunadamente he tenido el apoyo de mi familia durante todos estos años. Sin embargo, por mucho que ellos se esfuercen en demostrarme lo contrario, puedo llegar a sentirme tan sola como nunca. Y así pasan los días, unos buenos, otros que parecieran no existir y otros pésimos. 

Es difícil para mí hablar de esto precisamente por eso, mucha gente no lo entiende. He podido hablar con mi familia, amigos que han pasado por lo mismo o que tienen familiares que han pasado por esto y con médicos. Muy rara vez he podido abrirme con alguien que no cumple con esos requisitos. Nadie me cree, nadie cree que la depresión es real e incluso alguien muy cercano a mi una vez me dijo: “la depresión no existe, tú estás bien”. No sé si fue su negación al contarle que mi psiquiatra quería internarme porque mi depresión era muy grave, en junio del 2016. 

No sé si alguien que lea esto va a pensar lo mismo y creerá que lo estoy inventando. Espero que no. Así que por favor, no me pidas que cambie mi actitud porque “todo está en mi si así lo decido”. ¿Crees que no lo he intentado? ¿Crees que no quisiera poder cambiarlo todo? Me encantaría no ser juzgada, que las personas se informen y en lugar de decir: “necesitas cambiar tu actitud”, demuestren su apoyo. No solo a mi, sino a todas las personas, pues nunca se sabe quién podría estar pasando por lo mismo. Y es que las personas que menos pensamos, las que siempre sonríen y animan al resto pueden ser las que más necesiten comprensión y de vez en cuando un abrazo sincero.