Discúlpeme tía, no me quiero casar. 

De las 80 veces que he dicho que no me quiero casar, puedo decir que unas 70 me han dado la misma respuesta: “eso decís porque no ha llegado el indicado”, las otras 10 han sido un “yo tampoco” de mis amigas que tampoco quieren contraer matrimonio. Está bien, “no ha llegado el indicado” y otras formas de disfrazar un “no vas a ser feliz si sos una solterona” puede que tengan un poco de coherencia y lamentablemente un poco de razón. Pero hago una pregunta abierta, ¿tanto temor existe hacia el hecho de que una mujer se quede “sola”? ¿Temor a qué? Estoy segura de que cualquier ser humano es capaz de ser feliz tanto si está acompañado o solo. De distinta manera, pero feliz. Me aterra cuando alguien se molesta al escucharme decir: “no quiero tener hijos” porque me hace cuestionarme qué o quién les ha dicho que tienen derecho siquiera a opinar sobre mis decisiones. ¡Sálveme la vida de tener que rendirle cuentas a alguien más que no sea yo! Y no encuentro una palabra más certera que “hipocresía” cuando escucho el “no has encontrado quien te robe el corazón” porque mi corazón no es para robar, así a la fuerza no… Y de cierta manera se siente como un juego de mesa en el que existe un comodín para excusar la soltería. Cuando en las reuniones familiares la tía indiscreta te pregunta por el novio al que dejaste hace dos años -y ella lo sabe- pero le encanta el chisme y quiere los pormenores y ya luego te dice: “ya te llegará el príncipe azul” porque simplemente no puede ser posible que una mujer joven esté soltera. Claro, necesita un hombre que le “quite el mal humor”… ¿Por qué es necesario tal acto de hipocresía en el cual aceptas que está soltera y no quiere tener hijos “porque no ha llegado el indicado”? Y peor aún, tener hijos y ser soltera… ¡Dios nos salve de tal atrocidad! No querer ser esposa, madre y ama de casa no es un delito, no te hace menos mujer ni criminal. Es la sociedad quien lo impone… ¿Libertad? ¿Cuál?

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Créeme, no tiene nada que ver contigo.

 Es increíble como el egoísmo nos vuelve ciegos… Tenemos ojos pero no queremos ver lo que no nos favorece. Ponemos filtros. He llegado a pensar que somos seres interesados, un poco más que interesantes aunque siempre lo neguemos.  

 Nos interesa estar bien, cueste lo que cueste. Muchas veces nos enojamos porque no nos responden las llamadas, sin saber por qué no las responden. De repente la otra persona está cenando y no le gusta utilizar el celular mientras lo hace, porque se cuida y no quiere tocar algo tan infectado al mismo tiempo que se lleva un bocado a la boca. O quizás la razón es más emocional y no quiere interrumpir una grata velada con la persona con quien está. O puede que no esté comiendo, sino conversando y sabe que es de mala educación interrumpir a la otra persona por contestar una llamada poco urgente. O tal vez, no se le da la gana contestar porque no se le antoja hablar con nadie, no contigo, con nadie.  

 Pero entonces lo tomamos personal, “¡Qué rudeza!”. No tiene nada que ver contigo, a menos que sepas que tiene que ver contigo por algo que TÚ hiciste o por algún malentendido sin resolver. De lo contrario, créeme que NO TIENE NADA QUE VER CONTIGO. 

 “¿Por qué no me quiere ver?” preguntamos cuando te dicen NO a una invitación a salir. Seguramente si te quiere ver, pero ya tiene planes. O no te quiere ver, o tal vez si pero tiene otras prioridades. O tal vez está triste y quiere hundirse en su sentimiento de culpa toda la tarde. Créeme, NO TIENE NADA QUE VER CONTIGO. 

 Ser egoístas nos ha cerrado en una idea paradójica en la cual asumimos que todo el mundo es rudo, está enojado con nosotros y cada vez somos menos comprensivos, menos tolerantes y caemos en la imprudencia de pensar únicamente en el YO. Está bien, a veces es bueno hacerlo, yo lo hago todo el tiempo. Pero ¿ser egoístas funciona? 

 Claro, funciona. Entonces ocurre que todo te lo tomas personal, todos te evitan, todos te responden mal, nadie piensa en ti y en cómo te estás sintiendo. Qué terrible, todos se vuelven “una mierda” contigo y no les importas. Y a todo esto, te recuerdo que NO TIENE NADA QUE VER CONTIGO.  

 Tu egoísmo tiene que ver todo contigo y nada con la otra persona. La manera en la que quieras ver las cosas siempre será TÚ decisión. No involucra a otra persona “siendo una mierda” contigo. Muchas personas lo serán, por supuesto. Pero creo que todos tenemos que ser un poco comprensivos y tolerantes bajo cierto límite.  

 Estaría bien que dejaras tus intereses a un lado por un momento e intentes comprender tu entorno. Solo así dejarás de ser víctima y te convertirás en una persona empoderada capaz de controlar tus emociones, tu comportamiento y tu manera de ver las cosas. Tal vez así todo se pone interesante, porque en serio, el hecho de que no te quiera hablar, ver, contestar, créeme que NO TIENE NADA QUE VER CONTIGO. 

¿?

¿Qué pasaría si te dijera que nada va a estar bien? Que eso que te dicen “por algo pasan las cosas” no es cierto. Que se arruinó todo y que la trillada frase “de algo te libraste” es simplemente un comodín, algo en lo que creer pero que en realidad no existe. He llegado a madurar la idea de que nunca se pone mejor, que eventualmente tendrás sonrisas que se te escaparán y de nuevo sentirás que tienes vida. Pero, ¿qué tal si no es cierto?. Todos necesitamos algo en que creer que de cierta manera nos de esperanza y seguridad. Quizá por eso existen tantas religiones, porque cada quien decide en qué y en quién creer. De pronto y el “todo pasa por algo” en realidad es un “la cagaste, la vas a volver a cagar y de esta nadie te saca” pero queremos creer que de alguna manera si pasó por “algo” y hasta puede que vivamos en un autoengaño. Pero de alguna extraña manera, si eso nos hace felices no habrá nada que nos quite de la mente la idea de que TODO VA A ESTAR BIEN. Pero, ¿y si no? …

Lunes

 De pronto las palabras ya no alcanzan para describirlo. De pronto solo sentís que te estás quedando sin vida de a poco, como cuando te pintas las uñas y elegís colores muertos, porque tu alma está igual. Como cuando un fin de semana preferís quedarte en tu casa sin hacer absolutamente nada porque “qué hueva salir y más aún, tener que arreglarme”. Sentís como tu vida se está acabando pero aún tenes muchos años por delante. ¿Para qué? Eso no lo entiendo. Si lo que menos queres es seguir aquí. Es triste cuando ya ni vestido usas porque ni queres rasurarte las piernas o tener que peinarte. No te das cuenta pero día a día se te muere un poco el espíritu… Entonces llega alguien, la voz que tenes adentro y te pregunta en una de esas pláticas que tenes con ella a diario “si vieras a tu yo de pequeña, ¿qué le dirías?” Y te pones a llorar porque no le dirías nada, solo la abrazarías. Ni siquiera un “todo va a estar bien” te atreves a decirle porque sabes que no es cierto, ahora que ya sos una persona adulta. De pronto te das cuenta que ni siquiera has sido tú quien te ha matado, pero si te has dejado matar. Entonces queres huir y se te viene a la mente la trillada frase vacía “huir no soluciona los problemas” aquí entre nos, me importa poco si los soluciona o no, hay algo que valoro más que se llama “paz mental”, estar en armonía con el espíritu y que hace tiempo no lo siento. ¿Te ha pasado? Pues así es, de pronto sentís que queres dormir todo el tiempo y no es por cansancio, es porque al dormir no sentís nada, se te olvida todo algunas veces hasta que los sueños te lo recuerdan. Hay un motivo detrás de todo, detrás de mis “hasta los 25”, pocos lo tratan de entender pero no lo logran. Hay un motivo, siempre hay un motivo… Que te estás muriendo, se te acaba la vida pero aún tenes algunos años que llenar… Y tristemente, la mayoría de ellos estarán vacíos. Y hoy no los quiero llenar, solo no quiero tenerlos. 

Déjate ir

La vida no es nada, pero a la vez lo es todo. Es un ahora, una única oportunidad, no hay más y si la hay no la recordarás así como no recuerdas nada antes de esta. Un instante, unos años, unas décadas… Qué más da cuanto sea. No se trata de encontrar momentos pues esos hay muchos, se trata de encontrarle sentido a cada instante. No es vivir ni existir, es hacer que tu vida cuente, que tu existencia se note. Es irte y que te recuerden, que sientan tu presencia y aún más tu ausencia. La vida se va, en este mismo segundo se te fue un poco más. Déjate ir, lo que es ya es y lo que aún no es, podrá ser o tal vez no. Cuenta quienes suman y multiplican a tu camino y aléjate de quienes restan y dividen, todo sería más fácil si esta matemática nos enseñaran desde pequeños. A lo mejor podríamos convivir de mejor manera, pero nos ocupamos en querer poner un círculo dentro de otro círculo nada más porque así se ve más “lógico” y es ahí donde nos complicamos la existencia. DÉJATE IR, que tu espíritu fluya y tu aura encuentre homogeneidad. La vida no es nada, pero a la vez lo es todo… Puedes hacer de tu todo, nada o de tu nada, todo.

MDD

Es como un amigo que te abraza y no te deja ir, que te acoge poco a poco y te acomodas. Es como una fuerza que te hace querer quedarte, pero consume tu energía sin darte cuenta, pero te gusta y se vuelve adicción. Te envuelve de tal manera que no ves sus intenciones, y cuando te has cansado de estar únicamente con “eso” ya es tarde, porque es un monstruo que jamás te soltará y no te dejará ir por más que lo intentes, porque de alguna forma, muy extraña e irónica, se convirtió en tu lugar feliz…

Te extraño, ¿me recuerdas? 

Hoy me dio por extrañarte. Te recuerdo y no se si sentirme feliz, enojada, triste o cómo. Aun no lo logro controlar, y menos en estos días que hay flores por todos lados. Supongo que por ti es que me encantan las flores. Tengo mucho de ti que me gusta, supongo que por eso estoy conforme con quién soy. Lo que más me gusta son los lunares, teníamos exactamente los mismos en las dos manos ¿recuerdas? Y la sonrisa que a veces se me cae, no soy tan fuerte como tú. Hoy me dio por extrañarte, y lo hago cada vez que veo rosas o la estrella más brillante de la noche. Pero dime, quisiera saber… ¿cuándo me extrañas tú a mi?